Del amor y otros demonios de Gabriel García Márquez
La casa había sido el orgullo de la ciudad hasta principios de siglo. Ahora estaba arruinada y lóbrega...Los aposentos que se mantenían vivos eran frescos en cualquier tiempo por el espesor de los muros de calicanto y los muchos años de encierro, y más aun por las brisas de diciembre que se filtraban silbando por las rendijas.
lunes, 14 de abril de 2008
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario